sábado, 27 de abril de 2013

Proof (2005)

Aunque películas similares, que también me gustan, como Mente indomable (Good Will Hunting, 1997) y Una mente brillante (A Beautiful Mind, 2001), han mostrado su fascinación por la figura del matemático con mayor éxito mediático, La prueba (Proof, 2005) me gusta mucho más porque tiene una aproximación más interesante a la vida académica que las anteriores.

Me enganchó esta película que en México se llamó La prueba (Proof) porque la sinopsis hablaba de matemáticos probando teoremas y, aunque se centró en los desequilibrios mentales de una genio, cumplió con mis expectativas. Tiene buen reparto, no sé como nunca la vi en cartelera, porque de que se estrenó en México se estrenó según la base de datos IMDB.

El comienzo de la historia me recordó un poco a El universo de un joven científico, el libro de Alan Lightman porque también habla de un joven hurgando entre los papeles de un genio matemático por algún legado importante no publicado, y que al igual que la novela, el genio tiene una hija. Cuando la palabra plagio comenzaba a escucharse más fuerte dentro de mi cabeza la trama cambió para centrarse en esa hija, Catherine (Gwyneth Paltrow). El genio matemático se llamaba Robert (Anthony Hopkins) y cuando lo vemos hablando de forma casual con Catherine, al inicio del filme, no nos imaginamos que ya está muerto y se trata de una alucinación de ella, quien abandonó sus estudios de matemáticas para cuidarlo y evitar que fuera a una institución mental porque los últimos años ya estaba enloqueciendo.

Uno de los tópicos que me gustó es que se juega con la idea, hasta cierto punto común a varios campos del saber, de que el esplendor de un matemático se alcanza a los 23 años, después de lo cual todo es caída. Es un tema que me parece interesante desde que era joven... ¡auuuuu!. Hace tiempo, alguien que conoce e investiga mucho sobre ajedrez me platicó que según estudios hasta los 35 años se puede mejorar, misma edad marcada como el límite máximo para aprender bien idiomas (que no sé en dónde leí pero se debía a que hasta esa edad las neuronas tienen la capacidad de crear nuevas conexiones... sepa Dios que tan cierto será).  No es para desanimarse, sin importar la edad que tengamos, pero si para apreciar el tiempo :-D

Volviendo a La prueba, la historia en general es interesante, pero se enriquece mucho más gracias al balance de diferentes subtramas que le suman. Una de las más importantes es la idea que tiene Catherine de haber heredado las características de su padre: tanto su gusto por las matemáticas como su enfermedad mental. En cuanto a las matemáticas está ese retrato, harto interesante y romántico, de la vida académica fuera de las aulas. Uno se enamoraría fácilmente de esa forma de trabajar, en casa, con cuartos llenos de libros y cuadernos con investigaciones propias buscando el Santo Grial: un aislamiento físico como prolongación de esa imagen de aislamiento intelectual con que suele retratarse a los matemáticos e investigadores teóricos en general. Esa apetitosa imagen la comparte Lightman a lo largo de su libro, como prueba de que no es un retrato disparatado y de que, tanto al cine como la literatura, le encanta perfilar así a los científicos.

En otro sentido, el personaje de Catherine es un sueño, o más bien casi una idealización romántica: guapa, antisocial ad excesum, de estudios universitarios truncos es una genio que no necesita de grados académicos para hacer una de las aportaciones más importantes a la matemática, con una psique frágil que le juega malas pasadas, y tan humilde y temerosa como para ocultar su gran hallazgo hasta encontrar al merecedor de tal revelación.

El MacGuffin, como diría Alfred Hitchcock para referirse al objeto que focaliza el interés de los personajes, por las pistas en los comentarios de Catherine con su novio Hal (Jake Gyllenhaal) es la demostración del llamado Último Teorema de Fermat, demostración que se pone en duda haya sido realizada por ella dado su aparente bajo nivel académico en matemáticas, y se le quiere adjudicar a su papá, ya muerto pero un genio calado, al fin. Esa parte está padre porque se juega con conceptos importantes en la investigación, como la originalidad en la autoría de un descubrimiento, y además, la dichosa demostración pasa por el escrutinio de varios expertos que la validan de manera informal y lo que le resta a Catherine es publicarla, si lo decide bajo su nombre o se baraja la idea de hacerlo como colaboradora de su padre.

Es, en resumen, una película que cuenta una historia que para mi gusto es interesante, pero además tiene elementos que hacen difícil creer que me haya pasado de largo el año de su estreno: buenas actuaciones, argumento y trama bien desarrollados y con temas más que universales que catalogaría de interés común.

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